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Remar

  • Travesía Azul

En Jesús, la vida

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• Objetivo de la segunda travesía

Generar lugares donde el adolescente pueda construir grupo conociéndose a sí mismo, a los demás, a Cristo -el que da respuesta a sus preguntas de sentido- y sensibilizarse ante el valor de la persona humana "sin pasar de largo" cuando la encuentra en dificultad.

• Valor fundamental de la etapa: la interiorización

En medio de una sociedad fuertemente marcada por el materialismo, el hedonismo, la superficialidad y la incapacidad para la contemplación, en la segunda etapa del movimiento, proponemos el valor de la interiorización. "La dimensión de la interioridad descubre al hombre sus posibilidades más profundas al mismo tiempo que sus limitaciones: le facilita el acceso al núcleo de la persona, allí donde el ser se abre a Dios. Así como el materialismo es caminar de espaldas al misterio, la interiorización es un movimiento de apertura a Dios. Educar en la interioridad es educar en la experiencia de "ser", de la gratuidad del don de Dios. Es educar en la capacidad de contemplación, para saber leer en lo profundo de los acontecimientos, de las cosas, de las personas; para descubrir su "transparencia" o sacramentalidad".

La tarea pedagógica del Movimiento en esta etapa es introducir a los adolescentes para que progresivamente se conviertan en hombres y mujeres "interiores" dejándose conducir por el Espíritu de Dios. Se trata de permitir que Dios habite en cada uno de nosotros. La invitación constante que debemos hacer y las herramientas que vamos a proporcionar tienen que ayudar a que el joven pueda centrar el corazón en la interioridad. "Donde esté tu tesoro allí está tu corazón" (Mt 6, 21). Esta es, pues, la tarea: recuperar el corazón para la interioridad.

• Puntos de llegada

El joven descubrirá los dones que Dios depositó en él, su valor personal, desde el reconocimiento de la propia singularidad e individualidad.

El joven llega a fiarse de Jesús, quien a través de en un diálogo abierto se hace amigo y compañero de camino.

Al terminar esta etapa el joven ha creado lazos de amistad en sus relaciones, lo que facilitará su participación y protagonismo al interno del grupo, el logro del consenso y la cohesión grupal.

En el ámbito familiar toma conciencia de sus sentimientos frente a sus miembros, asumiendo que no es perfecta.

El joven ha acrecentado su sentido de responsabilidad ante el mundo, comenzado a dar pequeños pasos en su proyección social. Se ha sensibilizado ante el valor de la persona humana y ante los conflictos y sufrimientos que padece nuestro mundo. Ha descubierto la propia cultura como parte integrante de su identidad, y su responsabilidad moral frente a la naturaleza - obra de Dios y espacio donde él habita-.

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